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jueves, 10 de octubre de 2013

¿Cómo controlar las rabietas y pataletas en los niños?



La tranquilidad de la vida familiar se rompe de repente ante el llanto descontrolado de nuestro hijo que desencadena en las famosas e indeseables rabietas y pataletas infantiles. ¿Cómo hacer para no perder el control, mantener la calma, apaciguar al pequeño y lograr que todo vuelva a la normalidad sin que nadie resulte afectado?

¿Cómo controlar las rabietas y pataletas en los niños?

Rabietas y pataletas: parte del proceso de aprendizaje

La dulzura de nuestro pequeño se ve afectada cuando un grito que sale de lo más profundo de su ser, logra desestabilizarnos y hacernos perder el control. Aunque en ese momento pareciera que la paciencia se nos agota, lo más importante es recordar quién tiene el control y mantenerlo, porque lo que parece una rabieta pasajera, forma parte del crecimiento y la formación del menor. De como nuestro pequeño sea controlado durante esas rabietas y pataletas, dependerá en gran parte su comportamiento futuro.

Por lo general, estos episodios que tanto disgustan a los padres se presentan durante la primera infancia (0 a 5 años). De acuerdo con los expertos, estos comportamientos descontrolados surgen por la dificultad de los pequeños de expresar sus emociones insatisfechas debido a que se encuentran en una etapa de exploración y conocimiento de su yo y de su entorno. Por eso es tan importante controlar y manejar con autoridad y respeto estos episodios.

5 consejos para controlar las rabietas y pataletas

Conservar la calma: parece imposible, pero es importante que los padres mantengamos el control, de lo contrario, actuaríamos al mismo nivel que nuestros hijos dejándonos llevar por impulsos. Los padres debemos tener total control de nuestras emociones.
Mantener la autoridad: de lo contrario, nuestro hijo se dará cuenta que con este tipo de comportamientos podrá obtener todo lo que desea. Es importante dejar claro que con las rabietas y pataletas no lo conseguirá.

Mantener el respeto mutuo: ni los padres deben sobrepasarse con los niños, ni los niños deben ser groseros con los padres. Los papás deben hacerle entender al pequeño que sólo lo escucharán si se calma, no sólo porque debe ser respetuoso, sino porque al hablar gritando y llorando, nadie le entenderá.

Hablarle con firmeza y a los ojos: es ideal hablarle al pequeño a los ojos, esto es, ubicarse a su altura manteniendo una postura corporal firme. Con esta misma firmeza, pero siempre manteniendo el respeto y dejando de lado el maltrato físico, tomarlo de los hombros y mirarlo fijamente a los ojos hasta que el niño responda a esa mirada. Esta es una muy buena señal y se convierte en el mejor momento para hablarle.

Esperar que se tranquilice solo: si después de intentar conciliar no se obtiene algún resultado, lo que deben hacer los padres es dejar que el niño se desahogue, eso sí, tras manifestarle que esa es una actitud destructiva que se debe evitar. Los padres pueden decirle que mientras él tenga esa actitud, ellos se mantendrán alejados hasta que se calme. Naturalmente nos alejaremos un poco de nuestro hijo simulando indiferencia, pero sin perderlo de vista.

http://www.educapeques.com/escuela-de-padres/como-controlar-las-rabietas-y-pataletas-en-los-ninos.html

lunes, 2 de septiembre de 2013

Aprende qué frases evitar de tu vocabulario y cómo hablarle a tus hijos para que realmente te escuchen.

Estaba intentado hacer dos cosas a la vez -cocinar mientras lidiaba con algunos papeles del trabajo en la habitación de al lado. Había sido interrumpida doscientas veces con pedidos de aperitivos, gritos sobre la pintura al agua derramada, preguntas acerca de lo que les gusta comer a las ardillas y diferentes argumentos sobre si las nubes podrían ser de color azul y las flores de color verde. ¿Y mencioné que una hernia de disco en la espalda me dolía aún más que mi cabeza? Aún así, nada puede justificar mi comporamiento esa tarde. Estallé como el monte Momsuvius: “¡Basta! ¡Salgan! ¡Dejen de molestarme!” La mirada en la cara de mis hijos lo decía todo. Los ojos de la de 2 años se ampliaron. El de 4 años de edad, frunció el ceño y clavó su dedo entre los labios. Inmediatamente me hubiera gustado meter las palabras de lava caliente de nuevo en mi boca. Desde luego, no habían venido de mi corazón o de mi mente.Todos decimos las cosas mal a veces, dejando a nuestros hijos sentirse heridos, enojados o confusos.

Si continuas leyendo conocerás algunos de los pasos en falso verbales más comunes que las mamás y los papás hacen, y las alternativas más amables.

lunes, 27 de mayo de 2013

Los estilos educativos de los padres: ventajas e inconvenientes.



La tarea de educar no es nada fácil. Cada etapa del niño tiene sus dificultades, y según las vamos pasando, pensamos que es peor que la anterior. Muchas veces se considera que los primeros años es lo más fácil, aunque cuando estamos en ese periodo, en el que tenemos los horarios de sueño alterados, no hacemos más que cambiar pañales o limpiar ropa, o perseguirles cuando aprenden andar, no pensamos igual.

Lo que sí está demostrado es que estemos en la etapa que estemos, siempre nos cuestionamos si lo estamos haciendo bien o no. Esto es un claro síntoma de que nos interesa la educación de nuestros hijos, y nos preocupamos por si nuestras enseñanzas o maneras de inculcárselas, son las más adecuadas para ellos.
Nuestra forma de enseñarles depende del estilo educativo que adoptemos o tengamos. Veamos qué es y qué tipos existen.

Qué es el estilo educativo.

Se puede definir como la forma regular de actuar de los padres ante sus hijos, de interactuar con ellos,  en las situaciones cotidianas, con el fin de enseñarles y prepararles para el mundo en el que vivimos.

El estilo educativo depende en gran medida del carácter que tiene el padre/madre, pero también hay otros factores que influyen en el mismo:
  • Cómo el adulto interpreta las conductas de los niños (no es lo mismo considerar una travesura como algo habitual y tolerable, que considerarla como una desafío a la autoridad de los padres).
  • Manera de concebir la vida y el mundo al que se van a incorporar los niños, por parte de los padres.
  • Las distintas situaciones en las que se producen las conductas y las interacciones padres-hijos.
  • El pasado de los padres y la relación de éstos con sus progenitores.
  • Carácter, personalidad, temperamento, trastornos… que tienen los hijos.
  • Tipo de contacto emocional que tienen los padres con sus hijos, etc.

Qué tipos de estilos educativos existen.

Básicamente, se distinguen 4 tipos de estilos educativos, pero lo que sí quiero dejar claro es que, el mismo padre/madre, no tienen porque pertenecer a un mismo tipo siempre, puede variar en función de la conducta del hijo, de la situación, del momento emocional por el que atraviesa el progenitor… e incluso a veces somos incongruentes, y usamos distintos estilos para la misma conducta y situación.

Los 4 tipos son los siguientes:

1. Estilo autoritario:
  • Normas rígidas y abundantes.
  • Inflexibles en la aplicación de las mismas.
  • Escaso contacto emocional con los hijos y falta de expresividad de afecto hacia los hijos.
  • No se dialoga ni hay negociación, se impone.
  • Poco o nulo control de los impulsos en los progenitores.
  • Utiliza sobre todo el castigo y las críticas.
  • No se tienen en cuenta los intereses y preferencias del niño y se es demasiado exigente para el nivel de madurez del niño.

2. Estilo permisivo:
  • Mucho afecto y contacto emocional.
  • Escaso control de las conductas del niño, falta de normas o están poco definidas.
  • Se rigen por los intereses y preferencias del niño.
  • Poco exigentes, los niños aprenden las cosas por sí mismos.
  • Evitan los conflictos, la negociación y permiten hacer al niño.
  • - Delegan en otros (profesionales: maestro, amigos, pediatra…) la educación de los hijos.

3. Estilo indiferente o negligente:
  • Se implican muy poco en la educación y crianza de los hijos.
  • Suelen ser fríos y distantes con los hijos.
  • Nula sensibilidad hacia las necesidades de los hijos.
  • Ausencia de normas, y en ocasiones además someten al hijo a severos castigos.
  • Escasa comunicación con los hijos.

4. Estilo democrático:
  • Son bastante afectuosos y tienen muestras de cariño con sus hijos.
  • Altos niveles de comunicación con los hijos.
  • Normas y límites claros, bien definidos y justificados o razonados con sus hijos, los que a veces además participan del establecimiento de los mismos.
  • Controlan el comportamiento de sus hijos, utilizan el refuerzo de forma adecuada y el castigo de igual manera.
  • Se les educa en la autonomía y la independencia.

¿Qué consecuencias comportan para los hijos cada estilo educativo?

A priori, por lo que vemos en las listas de más arriba, parece que el estilo educativo democrático es el más adecuado, tanto para la educación de los hijos, como para la convivencia de padres e hijos. Veamos ahora qué consecuencias reportan cada uno de los estilos en los propios hijos:

1. Estilo autoritario:
  • Son obedientes y sumisos cuando hay un control externo, como el de los padres, pero en ausencia de control, se vuelven temerosos e irresponsables, ya que no se les enseña autocontrol, que es muy importante.
  • Niños con baja autoestima, tendencia a la depresión y la autoculpabilidad.
  • Suelen tener escasa habilidades sociales para enfrentarse al mundo.
  • Pueden tener actitud de huida o engaño ante los conflictos.

2. Estilo permisivo:
  • Tienen una fuerte inseguridad en sí mismos.
  • Bajo rendimiento académico por falta de esfuerzo.
  • Baja tolerancia a la frustración, no están acostumbrados a que les digan no.
  • Cambios frecuentes de humor, mala regulación y autocontrol emocional y de los impulsos.
  • Inmaduros para su edad.

3. Estilo indiferente o negligente:
  • Baja autoestima.
  • No acatan ninguna norma ni límite.
  • Tienen escasa empatía, no son sensibles a las emociones de los demás.
  • Son muy vulnerables a los conflictos sociales y personales.

4. Estilo democrático:
  • Mayor empatía y generosidad con los demás.
  • Están más satisfechos consigo mismos.
  • Tienen buena competencia y habilidades sociales. Buena autoestima, independencia y autonomía, control de impulsos y de conductas.
  • Son persistentes en las tareas y tienen buen rendimiento académico.
  • Buen desarrollo moral, sentido de la responsabilidad y aprendizaje de toma de decisiones.
  • Muy buen afecto y relación con los padres.

Y tú, ¿qué estilo educativo tienes? Te he mostrado las características de cada uno y las consecuencias de los mismos en los niños. Ahora te toca a ti averiguar a cuál perteneces, y si te planteas un cambio en la forma de educar a tus hijos, siempre es bueno que vayas a un psicólogo, quien te dará las pautas oportunas y los ejemplos concretos para que emprendas el cambio.

Otra última cuestión que hay que dejar bien clara. El estilo educativo de los padres NO es el único factor influyente en la conducta de los hijos. No se debe estigmatizar al padre/madre por ello, pero lo que sí está claro, es que es un factor importante y que además es un factor que podemos controlar por entero, por lo que a igualdad del resto de condicionantes, los beneficios para los niños serán mayores con un estilo educativo democrático.

También se debe tener en cuenta, que para algunas ocasiones puede ser conveniente utilizar otro estilo educativo o que al menos ese será más eficaz. Y que un progenitor puede tener un estilo y el otro progenitor otro diferente, por lo que habrá que tener cierto “arte” para combinarlos adecuadamente y sacar de ellos lo más beneficioso para el niño.

Fuente: David Cortejoso: Psicología para todos/Superdotados/Psicología infantil/Depresión.

lunes, 13 de mayo de 2013

¿Por qué nuestr@s hij@s se portan mal solo con la mamá?


He encontrado una buena respuesta en este blog personal y me ha parecido una opción acertada para compartirlo con mi público. Espero que os guste.

El Blog de Catalina: ¿Por qué mi hij@ se porta mal solo conmigo?

Esta pregunta sale frecuentemente en las conversaciones con mis amigas: ¿por qué nuestr@s hij@s se portan mal solo con la mamá?.

Un día me tocó ayudar a una amiga que debía hacer un montón de trámites y me quedé cuidando a su pequeña que estaba enferma  mientras mis pequeños estaban en el Jardín y yo tenía un día libre.

Mi amiga me dijo un montón de cosas sobre la Fernanda, desde que era llorona a que no se querría comer la comida, que le costaba dormir, en fin, las típicas frases que todas las mamás decimos cuando tenemos que “encargar” a nuestros amados hijos con otras personas. Es casi una manera de preparar el terreno para que la persona en cuestión no quede curada de espanto.

En fin, no pasó nada de lo que mi amiga me dijo. Incluso hacerla dormir fue más simple de lo pensando, considerando que el Seba y la Martina tienen unos rituales para ese momento.

Durante mucho rato con mi amiga, estuvimos pensando y dándole vueltas al tema de por qué no se “portaban bien” con nosotras. Pasamos de pensar que somos las peores mamás, que estamos haciendo las cosas mal hasta que definitivamente es algo independiente de nosotras.

La verdad es que estuve leyendo harto sobre el tema de los límites en los niños y qué podemos hacer las mamás para criarlos con amor.

Los niños generalmente tienden a tener un comportamiento distinto con las mamás, porque ellos desean primero, estar con nosotras todo el tiempo posible, muchos no entienden la relación espacio y tiempo, y segundo, muchas veces no entienden por qué debemos ir a trabajar o hacer el aseo de la casa. En estos casos lo principal es conversar con ellos y buscar estrategias para que entiendan la importancia de que mamá trabaje o que ellos también sean parte de mantener la casa limpia y bonita.

Hay que comprender que los niños quieren estar con nosotras para buscar la forma de integrarlos a nuestras actividades diarias y se sientan respetados y considerados, evitando que tomen rechazo o recelo.

El “portarse mal” muchas veces lo entendemos como las pataletas, el llanto o no querer hacer lo que “nosotras queremos que ellos hagan” generando frustración. En ese aspecto hay que entender que esta reacción es porque el niño siente que hay algo que no le esta funcionando en su vida y en su propio sistema. Cuando a nosotras nos molesta algo en nuestros zapatos los revisamos y luego vemos si funcionó la solución. Eso mismo debemos hacer con nuestros hijos: si vemos algo que es extraño en él debemos investigar y ver qué está pasando para darle solución. 

El tema de los límites siempre es complicado, porque pisamos terreno pantanoso. Muchas veces no queremos ser estrictas, pero tampoco demasiado relajadas. Hay que buscar un equilibrio que adecuado para nuestros hij@s.

Como consejos sobre los límites:

- Muéstrate segura pero con afecto, conversa y explícale lo que está pasando.

- Mantén la coherencia entre papá y mamá. Es un clásico que siempre se repetirá, pero papá y mamá son uno respecto a las decisiones de los hij@s, no puede darse que mamá diga no y luego papá diga si.

- No le des más de una orden. Las órdenes múltiples confunden a los niños.

- Respeta el enojo de tu hijo, recuerda que tiene derecho a enojarse.

- Sé clara y concreta en tus frases.

- Sé constante. Los niños perciben cuando dejamos vacíos que pueden aprovechar, por eso mismo, mantén tu postura.

- Establece límites acordes a la edad de tu hij@, recuerda que los niños tienen que vivir procesos según su edad.

- Generalmente utilizamos frases negativas sobre lo que no puede hacer. Hagamos lo inverso, digámosle lo que tiene que si puede hacer. 

- Explícale las reglas del juego y las consecuencias de sus actos. Es importante que entiendan que sus actos tienen consecuencias, desde si rompe un juguete ya no podrá jugar con él hasta la importancia de alimentarse.

También es importante que debamos recordarnos que no somos Super Mamás y que dentro de esta labor debemos tener el apoyo de nuestras parejas para que nuestros hij@s se sientan seguros.

10 Consejos para poner límites a los hijos:

1. Objetividad.  ”Pórtate bien”, “sé bueno”, o “no hagas eso”. Un niño no entiende lo que es bueno o malo, o lo que es portarse bien. Un límite bien especificado con frases cortas y órdenes precisas suele ser claro para un niño. “no botes la comida al suelo” es mejor que un “Ten modales en la mesa” frase que no entenderá, “no sueltes mi mano en la calle” es mejor que un “Agárrame la mano” no entenderá cuando, ni dónde, “habla bajito” es siempre mejor que un “shh cállate”.

2. Opciones.  Las opciones son buenas para hacer que tu hijo obedezca algo que no quiere, debes saber como mostrarle una opción entretenida. Si les das una opción, el niño se siente con el control y la libertad, aunque tú la tengas. “Prefieres que te de yo la comida o te la pico bien y te la comes tú”, “prefieres ducharte o bañarte”.

3. Firmeza. La firmeza no tienen por qué estar relacionada con brusquedad, podrías asustarlos y si sabes cómo ser firme no será necesario levantar la voz ni se pesado. Un tono de voz seguro, sin gritos, y un gesto serio en el rostro. Los límites más suaves suponen que el niño tiene una opción de obedecer o no. el niño debe entender que no tiene otra opción más que la que das, pero antes de decir “Deja de tirar las cosas” gritando, prefiere usar un “hijo, lleva los juguetes a tu pieza ya? este espacio no es para jugar” con tono firme y duro, sin gritos.

4. Acentúa lo positivo. Los niños reciben de mejor manera las órdenes positivas que las negativas. Prefiere un “Habla bajito” a un “no grites”.

5. Guarda distancias. cuando a una orden se le antepone un “Yo quiero” (aunque suene extraño) estamos generando una lucha de poder personal y egos con nuestros hijos. Esto puede traerte malas consecuencias, por ejemplo de cariños personales. Evita el “quiero que comas ahora”, cámbialo por un “son las 12 hora de almorzar”, en cualquier caso su rencilla no será contigo, será con el reloj.

6. Explica el porqué. Los niños necesitan respuestas y para que entiendan una orden necesitas explicarles el por qué. La respuesta “porque sí” no sirve con niños, no entenderán y a lo largo de su vida, cuando crezcan te van a pedir las mismas respuestas que cuando niños no tuvieron. niños. Manifiesta esta razón en pocas palabras.”No muerdas a las personas. Eso les hará daño” o “Si tiras los juguetes de otros niños, ellos se sentirán tristes porque se rompen”, son buenas opciones antes de un simple “porque no”.

7. Sugiere una alternativa. Las alternativa acompañan al límite y hace que parezca más positivo, como si lo estuvieras compensando,  ”ese es un lápiz labial, no es para jugar. Aquí tienes un lápiz y papel para pintar”. Sentirán que sus deseos sí son aceptados.

8. Firmeza en el cumplimiento. Las reglas flexibles confunden a  los niños, si les dices que la hora de dormir es a las 8 y otro día se acuestan a las 9 de la noche el niño podría después pedirte esa flexibilidad.

9. La conducta estuvo mal, tu hijo no es malo. Deja claro a tus hijos que tu desaprobación está relacionada con su comportamiento y no va directamente hacia ellos. No muestres rechazo hacia los niños. Antes de decir “eres malo”, deberíamos decir “eso está mal”.

10. Controla las emociones. Debes evitar que tus emociones se salgan de control, si estás muy enojada, piensa, respira y luego castiga o corrige. Puedes causarte daño a ti misma y a tu hijo por un mal trato innecesario en un mal momento. Evita los gritos, pero se firme.

Con estos consejos seguramente te darás cuenta si estás equivocada y es momento de corregirlo o verás que tan bien encaminada estás. Nadie nace sabiendo ser mamá o papá, y tus hijos tampoco vienen con un manual bajo el brazo.

Fuente: http://www.revistacarrusel.cl/


martes, 23 de abril de 2013

Enseña a tu niño modales en la mesa.



Masticar con la boca abierta, poner los codos sobre la mesa, jugar con la silla y con la comida, levantarse antes de tiempo… Seguro que la mayoría de estas acciones las lleva a cabo tu hijo mientras estáis sentados a la mesa. Los niños son muy impacientes y no nacen con las normas de cortesía aprendidas, por lo que deberás enseñarle a comportarse desde bien pequeño. Cuanto antes las conozca, más rápido será el aprendizaje

Aprender desde pequeñitos.

A partir de los 2 o 3 años, los niños empiezan a comer en la mesa con el resto de la familia, a la vez que empiezan a tomar parte en las celebraciones –cumpleaños, bautizos, comuniones-, compartiendo el banquete con los adultos. 

Y los niños, como corresponde a su edad, son muy inquietos y traviesos: se cansan enseguida, se quieren levantar a jugar, no obedecen cuando se les llama para comer, etc. Esto es normal, pero siempre hay que marcar unos límites, sobre todo cuando comemos con más gente o se está en un restaurante. 

En la mesa, y también en otros lugares, hay que enseñarles a comportarse con una cierta educación y compostura. Por eso es una buena idea que les enseñes desde pequeñitos, para que se acostumbren cuanto antes y no adopten malos hábitos que después serán más difíciles de modificar.  

En esta etapa la imitación y el juego son las claves para adquirir cualquier comportamiento. Observar al resto de la familia comiendo les ayudará a aprender, por lo que es muy importante que pongamos atención a lo que hacemos nosotros. No se puede pedir a un niño que no ponga los codos en la mesa o que no coma con la boca abierta si nosotros no somos capaces de cumplirlo. 

Para ello los padres deben mostrar siempre una actitud segura y confiada y nunca ser incoherentes. Ambos deben marcar las mismas directrices para no volver locos a sus hijos. 

Lo que nunca debe hacer:

- Empezar a comer antes de que se siente todo el mundo. Es de muy mala educación comenzar sin que estén presentes todos los comensales, a no ser que la comida se pueda enfriar y estropear y los anfitriones así lo indiquen. 

- Comer con la boca abierta o llena. A nadie le gusta ver los trocitos medio masticados de la boca de otro, pero tampoco es de buena educación llenarnos hasta arriba de comida y no poder ni masticar, y menos aún hablar con la boca llena o comer haciendo ruidos. Enséñale a comer pequeños trocitos. La comida nunca debe ser arrojada sobre el plato una vez que ha sido masticada.

- Jugar con la silla. Además de que sea de mala educación, es bastante peligroso si se cae, ya que se puede romper la barbilla o hacerse mucho daño en la espalda y el coxis. El niño debe permanecer bien sentado, con la espalda recta y los pies apoyados en el suelo –si llega.

- Chupar los cubiertos. No se deben lamer los cubiertos, pero sobre todo el cuchillo, ya que además de quedar muy feo, también es peligroso. 

- Interrumpir a otros mientras hablan. Esta es una norma esencial que debe cumplir no sólo en la mesa, sino siempre que esté presente en una conversación. 

- Jugar con la comida. Todos hemos oído la frase: “Con la comida no se juega”. Y es que es de mala educación hacer bolitas con la miga del pan, montañitas con el arroz… Los alimentos son para comer, no para divertirse con ellos.

- Poner los codos sobre la mesa. El antebrazo sí debe estar apoyado en la mesa mientras cortamos la comida y la cogemos, pero los codos no. 

- Gritar o dar voces. Aunque a veces haya muchos invitados y sea difícil hacerse oír, acostúmbrale a que no chille.

- Rascarse. Los niños son propensos a rascarse los brazos, la cabeza, etc. pero no es un gesto muy higiénico en un lugar lleno de comida. 

- Beber sin limpiarse la boca. Antes de coger el vaso para beber, es recomendable que se limpie la boca para evitar mancharlo de grasa y que se vuelva opaco de la suciedad. 

- Bostezar. Si ha dormido mal o está muy cansado y no puede evitar hacerlo, enséñale a ponerse la mano delante de la boca o a hacerlo de la forma más discreta posible, no hace falta que su bostezo interrumpa las conversaciones.

- Hurgarse la nariz. Otra mala costumbre de los más pequeños, andar todo el día con el dedo metido en la nariz. Pero si siempre debe evitarse este gesto, más aún cuando se está comiendo, no sea que indigestemos al resto de comensales -aparte de hacernos pasar un poco de vergüenza.

- Quitarse los zapatos. Seguro que tus hijos tienen la manía de deshacerse de su calzado en cuanto se sientan en el sofá de casa o en el suelo para jugar. Pero a la mesa no debe estar descalzo. Si estáis en casa y los zapatos le molestan o le hacen daño, ponle unas zapatillas de estar por casa. 

- Levantarse antes de que acabe la comida. Los niños, en cuanto han comido, quieren levantarse a jugar, pero debes intentar que permanezca a la mesa hasta que se haya acabado el postre. Obviamente no le puedes obligar a estar toda la sobremesa escuchando “aburridas” conversaciones de adultos, pero sí a estar hasta el final del banquete y a pedir permiso antes de irse.

Consejos para ayudarle.

Ante todo, debes darle ejemplo. Intenta poner en práctica todas las normas que le has enseñado. Los niños aprenden por imitación y le será más fácil aprenderlas todas si ve a sus padres cumpliéndolas.

A pesar de ello, alguna vez puedes simular que te equivocas para que vea que no pasa nada si mete la pata. Así te corregirán ellos y reforzarás el hábito. Cuanto te confundas, haz siempre un comentario del tipo: “¡Mira a mamá, también se equivoca!”.

No le enseñes todas las normas a la vez o le volverás loco. Debes ir poco a poco mostrándole cómo se come correctamente y corrigiendo lo que haga mal. Pero no le hagas una lista enorme de reglas, le parecerá imposible cumplirlas todas y se desanimará.  

No debes regañarle cuando haya más gente delante (sobre todo si está su hermano o primo mayor al que quiere impresionar). Podéis disponer una frase secreta que sólo vosotros entendáis para que corrijas lo que está haciendo mal sin que los demás se enteren. Por ejemplo, si quieres que quite los codos de la mesa, busca una afirmación que empiece por CO: “¿Cómo se llamaba ese amigo tuyo que vino el otro día?”. Así él sabrá a qué te refieres pero no le harás pasar vergüenza. 

Muéstrate efusivo y alábale cuando vaya haciendo progresos. Un beso tuyo después de comer o un cumplido le harán más feliz que cualquier regalo del mundo. 

No te muestres impaciente ni le grites si después de varios días enseñándole aún pone los codos en la mesa o mastica con la boca abierta. Cualquier aprendizaje requiere su tiempo. 

Una buena herramienta que ayuda al trabajo educativo es inventarse algún juego para que comprenda mejor las reglas y le resulte más fácil aprehenderlas. Por ejemplo, inventad un cuento o una canción que contengan las normas que se deben seguir a la mesa. También podéis practicar con sus juguetes, preparando un banquete imaginario con sus peluches y sus muñecas. 

Lo importante es que se creen unos hábitos a la hora de la comida y que tu hijo gradualmente vaya adquiriéndolos, sin agobios ni prisas puesto que al fin y al cabo, es todavía un niño. 


Fuente: Irene García. http://www.todopapas.com/ninos/educacion#

lunes, 22 de abril de 2013

Portate bien. ¿Cómo hacer que mi hij@ que se porta mal, se porte bien?

Si en la escuela te dicen que tu hijo/a pega a otros niños/as, en casa se pelea con sus hermanos/as o primos/as y hace justo lo contrario de lo que tú le dices, le pones normas y las incumple, le regañas,  ya no sabes que hacer y crees que se está convirtiendo en un auténtico tirano puede que tengas que replantearte algunos aspectos sobre los límites que pones a tu hijo/a y el modo en que le  transmites  tanto las normas y tu autoridad como su amor hacia él o élla. Los niños/as no son malos/as, pero muchas veces se portan mal. Culpabilizar al niño/a como persona y no a sus acciones niega toda posibilidad de cambio y crea una gran frustración tanto en tu hijo/a como en ti misma.


Si no paras de repetirle lo malo/a que es, actuará en consecuencia: “si soy malo/a, me porto mal, es lo que esperan de mí”.Debes conseguir cambiar la mala conducta por la adecuada empezando por  cambiar el “Qué malo/a eres!” por “Qué mal te portas!”

Los niños/as, pasan por distintas etapas del desarrollo moral y emocional que condicionan su forma de comportarse, al igual que pasa cuando empiezan a gatear o a caminar, el ritmo de maduración moral, no coincide en la misma edad cronológica en todos los niños, por eso cuando intentamos enseñarle a portarse bien tendremos que intentar adaptar nuestro  de grado de exigencia y los razonamientos que usamos a su nivel (p.e. el niño/a de dos años no entenderá un concepto como el altruismo).

Cuando nuestro hijo/a se porta mal, deberemos ser muy sensibles a sus vivencias personales y por supuesto no dejar de demostrarle en ningún momento cuánto le queremos, aunque estemos muy disgustados.

La mayor necesidad que tiene un niño es la de sentirse profundamente querido.

Las normas y castigos son límites que todos los niños necesitan, pero debemos tener en cuenta varios aspectos antes de usarlas.

Las normas:
  • Deben ser claras.
  • El niño debe saber la consecuencia de no cumplirlas.
  • Deben ser adecuadas a cada edad.
  • Debemos priorizar las realmente importantes y necesarias.
  • Debemos elogiar su cumplimiento.

Los castigos:
  • Deben ser ajustados a la falta que ha cometido.
  • Deben ser más inmediatos cuanto menor es el niño/a. (si se porta mal el martes no le castigues el sábado)
  • No deben condenar al niño/a, si no a la acción que ha realizado.

Deben corregir al niño/a, hay que enseñar al  niño/a cuál era el comportamiento esperado y que alternativas tenía para resolver el problema o la situación.

Cuando no sabemos por dónde empezar

Cuando el problema se nos va de las manos, lo mejor será analizar profundamente la situación, quizás debas coger lápiz y papel e intentar contestar a estas preguntas:

1.¿Cuál es realmente la causa del problema?
Qué está provocando en tu hijo esa conducta. Hay un montón de motivos para  que esté llamando la atención:  por celos, porque estamos poco tiempo con él, estrés,  porque no sabe la forma correcta de actuar.

2.¿En qué momentos se suelen desencadenar los problemas?
Analiza en qué momentos puedes predecir un comportamiento no deseado, cuando le vas a dar la sopa, cuando su hermano/a coja un juguete, cuando lo sacas de la bañera, cuando tiene sueño

3.¿Qué puedo hacer  para prevenir  que se produzca? 
Piensa de que forma te puedes anticipar al problema, reconduce el modo en que se presenta la situación o advierte a tu hijo, cuando veas que algo no va bien, cómo te gustaría que se comportara.

4.¿Cómo reaccionaré? 
Intenta tener clara la forma de cortar de forma rápida la conducta no deseada, de mostrar control emocional y firmeza. Deberías mostrar tu desaprobación y disgusto pero sin perder los nervios.

5.¿Qué sanciones o castigos puedo aplicar?
Haz una lista de posibles castigos o sanciones, no esperes a castigarlo con lo primero que se te ocurra que quizás será inadecuado.

6.¿Cuál será mi plan de acción? 
Intenta trazar un plan y presentale a tu hijo/a un objetivo, explícale la forma de alcanzarlo y piensa en cómo le podrás ayudar tú. La forma de presentar ese objetivo dependerá de la edad del niño. Si es pequeño puedes hacer un dibujo en una cartulina con un coche en una esquina y una casita en la opuesta y cada vez que tu hijo/a realice bien la acción haz que el coche avance, con pegatinas o crucecitas, cuando el coche llega a la casa, se ha alcanzado el objetivo y entonces tendrá un premio. El premio, no siempre tiene que ser siempre material, puede ser hacer algo que le guste mucho, un pastel casero, o lo que se te ocurra.  Si es más mayor la recompensa deberás negociarla con él, una posibilidad puede ser  regalarle “tiempo” para hacer cosas que le gustan.
Los cachetes no sirven de nada, someten pero no educan. El niño/a pequeño/a no puede entender que una persona que le quiere le haga daño, crea resentimiento y hace sentir mal al adulto y al niño/a. Cómo vamos a enseñar a no hacer daño a los demás, pegando!

Utilizar los cuentos para educar
En los cuentos los niños se pueden identificar con los problemas de otros niños, darse cuenta de que no son los únicos que se sienten rabiosos o tristes y pueden aprender de esos personajes el modo de resolver sus situaciones conflictivas.

domingo, 21 de abril de 2013

Fumar en presencia de los hijos


Si usted logra que sus hijos no adquieran el habito de fumar habrá conseguido algo importante para su salud. Quizá le parezca muy difícil, pero no es imposible con una estrategia bien pensada.


LA EDAD CRÍTICA.

A los 14 años, cuando más o menos comienza la adolescencia, es cuando el chico y la chica pasan a ser fumadores activos. Es precisamente el periodo de transición, se sienten adultos y el cigarrillo es un símbolo de su independencia. Ven al papá o a la mamá fumar y ya quieren ser como ellos, grandes y "muy machos" Empiezan a fumar abiertamente y entonces se forman los hábitos que duran toda la vida. Por eso, para los padres es muy importante entender por que a los adolescentes les atrae el cigarrillo.

Durante la década de los setenta los médicos dejaron de considerar como adolescentes rebeldes a los chicos y chicas que empezaban a fumar en esa edad critica. Ahora analizan la causa de ese impulso para establecer factores que contribuyen a la iniciación de un nuevo fumador. Los más importantes son el ambiente, la personalidad y el comportamiento.

Indudablemente son muchos los factores que contribuyen a que sus hijos adquieran el peligroso habito de fumar. No obstante hay dos que han sido identificados como los mas determinantes en los adolescentes:
- la influencia de los padres, y la de sus amigos.

Los padres deben recordar que si nunca han fumado, si son fumadores o si dejaron de fumar, han creado el modelo que sus hijos tienden a imitar. Esa imagen es muy fuerte y muy influyente en ellos, empieza a formarse durante la niñez y va creando actitudes de aceptación o de rechazo hacia el cigarrillo. Por ejemplo, hay niños de primer grado cuyos padres fuman que encuentran muy natural fumar, para ellos es aceptable. Pero no saben hasta donde pueden llegar las consecuencias ya que los niños tienden a imitar a los padres y por ahí, es donde el niño adolescente se ve con las ganas de fumar y luego todas sus consecuencias.

Es decir, la actitud de los padres puede cambiar notablemente el riesgo de que el niño se convierta en un fumador empedernido con todas sus consecuencias.

La influencia de los amigos es muchas veces la que hace que sus hijos empiecen a fumar.

Es difícil que un chico diga no cuando esta en un grupo de amigos que le ofrecen cigarrillos constantemente. Ya que después lo pueden sacar del "grupo" o decir que es un "santito" Es una labor delicada para los padres alertar a sus hijos contra la tentación de encender el primero. No obstante, es un esfuerzo necesario que ayudara a proteger la salud de sus hijos y usted, mejor que nadie, sabrá como hacerle comprender el daño que hace echar humo. Si lo cree conveniente, busque ayuda profesional para lograr su propósito.

¡Los padres que fuman tienen hijos que tosen! Los niños fuman pasivamente cada vez que Ud. prende un cigarrillo. Una hora dentro de un ambiente lleno de humo equivale a fumar 5 cigarrillos diarios. Fumar en casa incrementa las infecciones de las vías respiratorias superiores en niños (infecciones de oídos, bronquitis, asma). Los niños asmáticos cuyos padres fuman tienen menor capacidad pulmonar y más ataques de asma que aquellos que viven con padres no fumadores.

LOS PADRES QUE FUMAN, ¡TIENEN HIJOS QUE FUMAN!.

Los niños empiezan a fumar hacia los 12 años y generalmente porque quieren imitar a los adultos, incluyendo a sus padres. El noventa por ciento de todos los fumadores comienzan antes de los 18 años.

Cada día 5.000 niños prenden un cigarrillo por primera vez. Los padres que no fuman tienen mas posibilidades de tener hijos que no fumen. ¡Por que no dar el ejemplo a sus hijos!

Y los hijos que fuman tienen un alto índice de inclinarse hacia las drogas.

Fuente: http://dr-ramiro-pediatra.com/