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miércoles, 16 de abril de 2014

Problemas de conducta en los niños.

Cada niño es un mundo y no hay estrategias universales eficaces para todos ellos. Lo que funciona bien en un niño puede no ser eficaz en otro. Aún así, hay una serie de principios que utilizados con la suficiente destreza pueden ponernos en el buen camino para establecer, modificar o eliminar conductas en niños. A continuación exponemos con carácter general algunos de ellos:


1-LÍMITES: Son fundamentales. Atrévase a poner límites a sus demandas. Si no lo hace a edades tempranas luego será mucho más difícil establecerlos. Intente explicarle su punto de vista de forma calmada y adecuándola a la edad del niño. No utilice el tono imperativo ni los gritos. Hágale saber más bien que está triste por su comportamiento, que está decepcionado, pero manténgase firme en su posición. Es necesario establecer, desde la primera infancia unos hábitos adecuados en alimentación, ritmos de sueño, etc... Son los propios padres los que han de marcar sus propios límites y normas en función de la edad del niño y sus valores educativos. Poner límites no debe plantearse como un trabajo coercitivo con el niño, sino como un juego de equilibrios, en el que el niño va a aprender el sentido de dar y recibir, al tiempo que va interiorizando una serie de pautas y valores que le servirán más adelante como referentes. 

2-CLARIDAD: Sea claro en las instrucciones. Si queremos establecer límites, el niño debe saber exactamente qué le pedimos. Si le decimos "pórtate bien" esto puede suponer diferentes cosas en diferentes situaciones. Es más eficaz concretar la demanda en una situación concreta. Por ejemplo en una situación de paseo por la calle le diremos "no cruces hasta que esté el semáforo verde", en la casa en situación de juego "no tires los juguetes". 

3-ATENCIÓN: Préstele atención cuando realice las conductas deseadas en caso contrario retíresela. El halago verbal y sincero funciona muy bien como apoyo de otros refuerzos. En caso de aparición de una conducta disruptiva (rabietas...) retire la atención sobre el niño (Tiempo Fuera). Un premio no esperado y contingente a la realización de alguna conducta deseada aumentan la probabilidad de que vuelvan a ocurrir. Puede establecer también premios y consecuencias contingentes a las diferentes conductas (Economía de Fichas - Coste de la respuesta).

4-COMPLICIDAD: Cuando se establecen unos límites o normas, estos deben ser respetados por todos los miembros de la familia. Padres, hermanos o abuelos deben actuar de igual modo ante las conductas problema del niño. Si sólo es el padre o la madre la que exige ciertos requisitos al niño, el avance es mucho mas complicado sino imposible.

5-MINIMIZAR: Cuando dé instrucciones minimice el NO. Con niños es más efectivo el decirle lo que debe hacer que lo que no debe hacer. Por ejemplo es más conveniente decirle: "habla bajito" que "No chilles". La primera la experimenta como una sugerencia la segunda como una imposición. 
-Debemos siempre desaprobar las conductas (morder, desobedecer, gritar....) nunca al niño (eres un desastre, eres muy malo, eres...).

6-ELECCIÓN: Que elija él. A la hora de darle instrucciones podemos minimizar la probabilidad de desobediencia si proporcionamos al niño varias opciones para que él elija. Por ejemplo en lugar de decirle sólo: "recoge los juguetes", podemos añadir: "mamá va a ayudarte a recoger los juguetes, ¿dime cuales prefieres guardar tu? Al niño se le recuerda que la responsabilidad de guardar los juguetes es suya, pero, a la vez, tiene cierta sensación de control sobre la situación y tolera mejor la demanda del adulto. Una vez establecido el hábito de recoger probablemente lo haga sin demasiadas quejas y ayudas.
7-EXPLICACIÓN: Acompañe la demanda con una explicación breve. Si damos una explicación a una instrucción dada podemos ayudar a que interioricen valores de conducta. Por ejemplo podemos decirle: "si pegas a tu hermanito se pondrá triste y no querrá jugar más contigo". Se trata de que entienda que nuestra demanda no es por capricho o por llevarle la contraria, sino por que tiene unos efectos molestos sobre nosotros u otras personas y que esto comporta consecuencias. 


8-ALTERNATIVA: Una alternativa cuando tengamos que decir NO. Cuando tengamos que pronunciar un NO es importante minimizar su efecto con una alternativa: "NO te puedo comprar una pasta antes de comer, pero sí te daré después el helado que te gusta".

9-FLEXIBILIDAD: Debemos crear limites y normas pero a la vez hay que saber ser flexibles en situaciones especiales a valorar por los padres. Los niños crecen y los problemas y sus circunstancias cambian. Debemos estar abiertos a revisar y modificar el sistema de contingencias cuando sea necesario. Una rigidez extrema en la configuración del sistema y sus normas es la mejor invitación a su incumplimiento. 

10-COHERENCIA: Tiene que haber coherencia entre lo que se le exige al niño y lo que él observa en su entorno más inmediato. No podemos pedirle obediencia y respeto hacia la madre a un niño que vive en un entorno de menosprecio o maltrato familiar.

11-CONTROL: Controle sus emociones. Cuando estalla el problema. Cuando su hijo ha repetido la conducta que no deseamos, cuando nos llaman del colegio, cuando todo parece hundirse................tómese un tiempo antes de responder. Sabemos que es complicado y que si no se lanza un grito algo parece romperse en nuestras entrañas. Es fundamental el control de las emociones. Nuestro objetivo es educar al niño. Si somos demasiado emocionales no estamos en condiciones de ofrecer el mejor modelo de nosotros mismos. Proporciónese un tiempo de respiro, retire la atención al niño de la forma que permitan las circunstancias, hágale saber inmediatamente su disgusto y luego en frío analice la situación y tome las decisiones oportunas. No razone en caliente. Ni usted ni su hijo están entonces en las mejores condiciones. 

-No caiga en la trampa de enzarzarse en un diálogo de recriminaciones con su hijo. Es la mejor forma de acabar estableciendo un tipo de relación conflictiva o coercitiva que no le va a llevar a ninguna parte. Esto no quiere decir que la mala conducta no deba tener sus consecuencias para el niño, sino que éstas deben ser pensadas en frío aunque aplicadas lo antes posible para que sean efectivas.

12-CONSTANCIA: Es básico ser constante en la aplicación de cualquier estrategia que quiera modificar o establecer conductas. No se desanime a la primera de cambio. Suele ocurrir que cuando se aplican límites o normas por primera vez se produzca una reacción negativa. Esto es especialmente notable en aquellos casos en los que el niño percibe que se le van a retirar ciertos privilegios. Ello puede provocar, de inicio, un aumento de la frecuencia y magnitud de los episodios problemáticos que luego, en la mayoría de casos, remiten y se corrigen. 

Y SI TODO FALLA: Hemos dicho ya que cada niño es un mundo y cada conducta problemática es fruto de multiplicidad de factores externos e internos. Cuando el comportamiento se hace incontrolable, pese a la dedicación y esfuerzo de los padres o tutores, busque ayuda en algún profesional de la salud infantil (psicólogo infantil, pediatra...). El peor aliado es dejar pasar el tiempo sin actuar.

Piscodiagnosis.es

martes, 3 de septiembre de 2013

Mi hijo no estudia


Características que denotan que nuestros hij@s no estudian y actuaciones en estos casos.
Las características que demuestra Ana con su actitud son las más frecuentes que aparecen en niños que no quieren estudiar y que cada vez aparecen a edades más tempranas.


Señales que identifican que su hijo no quiere estudiar y factores asociados.

A continuación le exponemos las señales que podrán identificar si su hijo no quiere estudiar:
Ponen excusas para no hacer los deberes o estudiar los exámenes.  Suelen decir  que no tienen deberes, ni examenes o que ya se lo saben todo.
En ocasiones los niños verbalizan que no les gusta estudiar.
Su rendimiento académico es bajo.
Su comportamiento en la escuela no es el adecuado: molestan a otros, no atienden, se distraen facilmente...
Otros deciden dejar de estudiar abiertamente aunque vayan al colegio.
Por lo general son niños que no tienen ningún tipo de dificultad académica.

Algunos factores que suelen estar presentes en estas circunstancias son:
Los niños no han cogido un buen hábito de estudio.
Los padres no llevan un seguimiento adecuado
Ambiente familiar estresante y con poca organización.
Son niños con poca capacidad de esfuerzo.
Hay pocas normas en casa.
A veces aparece a causa de problemas emocionales sin resolver.


¿Qué podemos hacer los padres en estos casos?

1.     Hablar con el niño o niña.
Tendrémos que dialogar con el niño/a de forma tranquila para que:
Nos explique lo que le gusta y lo que no le gusta y porqué no quiere estudiar. Nosotros debemos explicarles la importancia del estudio, cuales son las obligaciones y responsabilidades de cada miembro de la familia incluido él y dejarle claro que su responsabilidad no es negociable. Y finalmente hacerle ver que le apoyamos y que le vamos a ayudar a mejorar en sus estudios.

2.     Tendrémos que insertar un hábito y horario de estudio.
De forma consensuada entre los padres y el niño estableceremos las horas dedicadas a las tareas y estudio de cada asignatura y tiempo dedicado a cada actividad. Y desde luego tambien se reflejaran las actividades que más les guste a ellos (deporte, juegos,...) Todo de forma consensuada, con horarios razonables que se puedan cumplir.
                 
3.     Controlar, organizar, suspervisar sus estudios y elogiar sus avances.
Cada día, le preguntaremos que tal le ha ido en el colegio, que nos cuenten alguna anécdota de clase divertida, que temas han dado y cuál le ha parecido más interesante.  Además  tendremos que estar pendientes de que han hecho en su tiempo de estudio y como lo han hecho.  Es importantísimo elogiarlos y tener encuenta su esfuerzo, sobre todo cuando las cosas salgan bien aunque no perfectas.

4.     Establecer mayor comunicación con los profesores.
Debemos de tener mayor comunicación con el profesor para que nos cuente que hace nuestro hijo/a en clase, cuál es su comportamiento, si el profesor ha detectado algún problema de aprendizaje y que nos informe de la evolución académica  y esfuerzo que va percibiendo en el niño/a.

5.     Hacer un gráfico de su evolución.
 Así el niño podrá ir percibiendo de forma visual sus logros académicos. Lo que repercutirá en un aumento de su motivación y autoestima cuando la gráfica avance positivamente. Será más consciente de la importancia del esfuerzo para conseguir el premio aunque la recompensa no sea inmediata.


6.     Si a pesar de ello no estudian. Tendrémos:

-        Quitarles privilegios que en la actualidad tienen como quitarles el teléfono, ver la televisión, salir con los amigos... Tenemos que hacerles sentir que si no asumen sus obligaciones tendrán que asumir las consecuencias. ¡Como la vida misma!. (Si robas vas a la cárcel, si no trabajamos no podremos comprarnos un coche...)
-        En su tiempo de estudio no se podrá dedicar a otra actividad como jugar con el videojuego, ver la televisión u otra actividad placentera para él/ella.
-        En el caso de que no nos funcionaran estas pautas deberan consultar con un especialista.

La actitud que deben tomar los padres/madres.
- En todo momento ha de mantener un tono tranquilo y firme aunque habrá momentos en los que nos resulte dificil.

- No se dejen engañar por su hijo/a. Establezcan comunicación frecuente con el profesor para que le informe de su comportamiento y evolución del niño.

- No culpen a otros de que el niño no estudie. Frecuentemente hay verbalizaciones del estilo “El profesor me tiene manía y por eso suspendo”.

Dejarle claro que es obligación y responsabilidad del niño que estudie.

lunes, 3 de junio de 2013

Comer en familia: un hábito saludable.





Comer en familia: un hábito saludable.

Comer en familia impide que los niños abusen de alimentos poco saludables y es el mejor escenario para que aprendan hábitos alimentarios correctos.

Hay niños que comen solos mientras ven la televisión. 
Hay niños que comen solos en la cocina mientras sus padres realizan otras tareas. 
Hay niños a quienes se les permite comer en su habitación sin compañía.

Todos ellos tienen más riesgo de sufrir trastornos alimentarios o sobrepeso. 

Por el contrario, los niños que comen en familia por lo menos tres veces por semana disminuyen en un 32% el riesgo de padecer un trastorno alimentario y en un 15% la posibilidad de ser obesos, según datos de Pilar Gómez Enterría, coordinadora del área de Nutrición  (SEEN), 

Un buen ejemplo nutricional para los niños.

Cuando los niños comen solos es más sencillo que sigan hábitos poco saludables: ingieren menos frutas y verduras, abusan de alimentos procesados y azucarados, les cuesta más comer el pescado... En cambio, si los niños se sientan a la mesa con la familia, los padres o los abuelos insisten hasta conseguir que mantengan costumbres adecuadas, como acabar todas las verduras del plato y tomar de postre una manzana, en lugar de un helado, o comer en el desayuno tostadas con pavo, en lugar de bollería industrial.

Comer en familia incluye hacer la compra y preparar los alimentos con ayuda de los niños. Además, junto con lo anterior, es importante tener en cuenta que comer en familia empieza antes de sentarse a la mesa. Los expertos aconsejan involucrar a los niños en el momento de hacer la compra y preparar los alimentos. De este modo, se consigue que los pequeños interioricen un modelo nutricional sano. Cada vez más investigaciones señalan los beneficios de comer en familia. 

Las claves de los efectos positivos que la comida en familia tiene en la alimentación de los pequeños podrían ser, según los investigadores, el ejemplo saludable que transmiten los adultos con sus buenos hábitos y la posibilidad de que estos frenen a tiempo las tentaciones de los niños.

El papel de los abuel@s en la alimentación de los menores es primordial.

Para muchos padres no resulta sencillo comer con frecuencia con sus hijos. Hoy en día, muchos progenitores trabajan todo el día y la responsabilidad de cuidar a los niños recae, en buena parte, en los abuelos.

martes, 23 de abril de 2013

Enseña a tu niño modales en la mesa.



Masticar con la boca abierta, poner los codos sobre la mesa, jugar con la silla y con la comida, levantarse antes de tiempo… Seguro que la mayoría de estas acciones las lleva a cabo tu hijo mientras estáis sentados a la mesa. Los niños son muy impacientes y no nacen con las normas de cortesía aprendidas, por lo que deberás enseñarle a comportarse desde bien pequeño. Cuanto antes las conozca, más rápido será el aprendizaje

Aprender desde pequeñitos.

A partir de los 2 o 3 años, los niños empiezan a comer en la mesa con el resto de la familia, a la vez que empiezan a tomar parte en las celebraciones –cumpleaños, bautizos, comuniones-, compartiendo el banquete con los adultos. 

Y los niños, como corresponde a su edad, son muy inquietos y traviesos: se cansan enseguida, se quieren levantar a jugar, no obedecen cuando se les llama para comer, etc. Esto es normal, pero siempre hay que marcar unos límites, sobre todo cuando comemos con más gente o se está en un restaurante. 

En la mesa, y también en otros lugares, hay que enseñarles a comportarse con una cierta educación y compostura. Por eso es una buena idea que les enseñes desde pequeñitos, para que se acostumbren cuanto antes y no adopten malos hábitos que después serán más difíciles de modificar.  

En esta etapa la imitación y el juego son las claves para adquirir cualquier comportamiento. Observar al resto de la familia comiendo les ayudará a aprender, por lo que es muy importante que pongamos atención a lo que hacemos nosotros. No se puede pedir a un niño que no ponga los codos en la mesa o que no coma con la boca abierta si nosotros no somos capaces de cumplirlo. 

Para ello los padres deben mostrar siempre una actitud segura y confiada y nunca ser incoherentes. Ambos deben marcar las mismas directrices para no volver locos a sus hijos. 

Lo que nunca debe hacer:

- Empezar a comer antes de que se siente todo el mundo. Es de muy mala educación comenzar sin que estén presentes todos los comensales, a no ser que la comida se pueda enfriar y estropear y los anfitriones así lo indiquen. 

- Comer con la boca abierta o llena. A nadie le gusta ver los trocitos medio masticados de la boca de otro, pero tampoco es de buena educación llenarnos hasta arriba de comida y no poder ni masticar, y menos aún hablar con la boca llena o comer haciendo ruidos. Enséñale a comer pequeños trocitos. La comida nunca debe ser arrojada sobre el plato una vez que ha sido masticada.

- Jugar con la silla. Además de que sea de mala educación, es bastante peligroso si se cae, ya que se puede romper la barbilla o hacerse mucho daño en la espalda y el coxis. El niño debe permanecer bien sentado, con la espalda recta y los pies apoyados en el suelo –si llega.

- Chupar los cubiertos. No se deben lamer los cubiertos, pero sobre todo el cuchillo, ya que además de quedar muy feo, también es peligroso. 

- Interrumpir a otros mientras hablan. Esta es una norma esencial que debe cumplir no sólo en la mesa, sino siempre que esté presente en una conversación. 

- Jugar con la comida. Todos hemos oído la frase: “Con la comida no se juega”. Y es que es de mala educación hacer bolitas con la miga del pan, montañitas con el arroz… Los alimentos son para comer, no para divertirse con ellos.

- Poner los codos sobre la mesa. El antebrazo sí debe estar apoyado en la mesa mientras cortamos la comida y la cogemos, pero los codos no. 

- Gritar o dar voces. Aunque a veces haya muchos invitados y sea difícil hacerse oír, acostúmbrale a que no chille.

- Rascarse. Los niños son propensos a rascarse los brazos, la cabeza, etc. pero no es un gesto muy higiénico en un lugar lleno de comida. 

- Beber sin limpiarse la boca. Antes de coger el vaso para beber, es recomendable que se limpie la boca para evitar mancharlo de grasa y que se vuelva opaco de la suciedad. 

- Bostezar. Si ha dormido mal o está muy cansado y no puede evitar hacerlo, enséñale a ponerse la mano delante de la boca o a hacerlo de la forma más discreta posible, no hace falta que su bostezo interrumpa las conversaciones.

- Hurgarse la nariz. Otra mala costumbre de los más pequeños, andar todo el día con el dedo metido en la nariz. Pero si siempre debe evitarse este gesto, más aún cuando se está comiendo, no sea que indigestemos al resto de comensales -aparte de hacernos pasar un poco de vergüenza.

- Quitarse los zapatos. Seguro que tus hijos tienen la manía de deshacerse de su calzado en cuanto se sientan en el sofá de casa o en el suelo para jugar. Pero a la mesa no debe estar descalzo. Si estáis en casa y los zapatos le molestan o le hacen daño, ponle unas zapatillas de estar por casa. 

- Levantarse antes de que acabe la comida. Los niños, en cuanto han comido, quieren levantarse a jugar, pero debes intentar que permanezca a la mesa hasta que se haya acabado el postre. Obviamente no le puedes obligar a estar toda la sobremesa escuchando “aburridas” conversaciones de adultos, pero sí a estar hasta el final del banquete y a pedir permiso antes de irse.

Consejos para ayudarle.

Ante todo, debes darle ejemplo. Intenta poner en práctica todas las normas que le has enseñado. Los niños aprenden por imitación y le será más fácil aprenderlas todas si ve a sus padres cumpliéndolas.

A pesar de ello, alguna vez puedes simular que te equivocas para que vea que no pasa nada si mete la pata. Así te corregirán ellos y reforzarás el hábito. Cuanto te confundas, haz siempre un comentario del tipo: “¡Mira a mamá, también se equivoca!”.

No le enseñes todas las normas a la vez o le volverás loco. Debes ir poco a poco mostrándole cómo se come correctamente y corrigiendo lo que haga mal. Pero no le hagas una lista enorme de reglas, le parecerá imposible cumplirlas todas y se desanimará.  

No debes regañarle cuando haya más gente delante (sobre todo si está su hermano o primo mayor al que quiere impresionar). Podéis disponer una frase secreta que sólo vosotros entendáis para que corrijas lo que está haciendo mal sin que los demás se enteren. Por ejemplo, si quieres que quite los codos de la mesa, busca una afirmación que empiece por CO: “¿Cómo se llamaba ese amigo tuyo que vino el otro día?”. Así él sabrá a qué te refieres pero no le harás pasar vergüenza. 

Muéstrate efusivo y alábale cuando vaya haciendo progresos. Un beso tuyo después de comer o un cumplido le harán más feliz que cualquier regalo del mundo. 

No te muestres impaciente ni le grites si después de varios días enseñándole aún pone los codos en la mesa o mastica con la boca abierta. Cualquier aprendizaje requiere su tiempo. 

Una buena herramienta que ayuda al trabajo educativo es inventarse algún juego para que comprenda mejor las reglas y le resulte más fácil aprehenderlas. Por ejemplo, inventad un cuento o una canción que contengan las normas que se deben seguir a la mesa. También podéis practicar con sus juguetes, preparando un banquete imaginario con sus peluches y sus muñecas. 

Lo importante es que se creen unos hábitos a la hora de la comida y que tu hijo gradualmente vaya adquiriéndolos, sin agobios ni prisas puesto que al fin y al cabo, es todavía un niño. 


Fuente: Irene García. http://www.todopapas.com/ninos/educacion#