Mostrando entradas con la etiqueta Marcar límites. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Marcar límites. Mostrar todas las entradas

jueves, 10 de octubre de 2013

¿Cómo controlar las rabietas y pataletas en los niños?



La tranquilidad de la vida familiar se rompe de repente ante el llanto descontrolado de nuestro hijo que desencadena en las famosas e indeseables rabietas y pataletas infantiles. ¿Cómo hacer para no perder el control, mantener la calma, apaciguar al pequeño y lograr que todo vuelva a la normalidad sin que nadie resulte afectado?

¿Cómo controlar las rabietas y pataletas en los niños?

Rabietas y pataletas: parte del proceso de aprendizaje

La dulzura de nuestro pequeño se ve afectada cuando un grito que sale de lo más profundo de su ser, logra desestabilizarnos y hacernos perder el control. Aunque en ese momento pareciera que la paciencia se nos agota, lo más importante es recordar quién tiene el control y mantenerlo, porque lo que parece una rabieta pasajera, forma parte del crecimiento y la formación del menor. De como nuestro pequeño sea controlado durante esas rabietas y pataletas, dependerá en gran parte su comportamiento futuro.

Por lo general, estos episodios que tanto disgustan a los padres se presentan durante la primera infancia (0 a 5 años). De acuerdo con los expertos, estos comportamientos descontrolados surgen por la dificultad de los pequeños de expresar sus emociones insatisfechas debido a que se encuentran en una etapa de exploración y conocimiento de su yo y de su entorno. Por eso es tan importante controlar y manejar con autoridad y respeto estos episodios.

5 consejos para controlar las rabietas y pataletas

Conservar la calma: parece imposible, pero es importante que los padres mantengamos el control, de lo contrario, actuaríamos al mismo nivel que nuestros hijos dejándonos llevar por impulsos. Los padres debemos tener total control de nuestras emociones.
Mantener la autoridad: de lo contrario, nuestro hijo se dará cuenta que con este tipo de comportamientos podrá obtener todo lo que desea. Es importante dejar claro que con las rabietas y pataletas no lo conseguirá.

Mantener el respeto mutuo: ni los padres deben sobrepasarse con los niños, ni los niños deben ser groseros con los padres. Los papás deben hacerle entender al pequeño que sólo lo escucharán si se calma, no sólo porque debe ser respetuoso, sino porque al hablar gritando y llorando, nadie le entenderá.

Hablarle con firmeza y a los ojos: es ideal hablarle al pequeño a los ojos, esto es, ubicarse a su altura manteniendo una postura corporal firme. Con esta misma firmeza, pero siempre manteniendo el respeto y dejando de lado el maltrato físico, tomarlo de los hombros y mirarlo fijamente a los ojos hasta que el niño responda a esa mirada. Esta es una muy buena señal y se convierte en el mejor momento para hablarle.

Esperar que se tranquilice solo: si después de intentar conciliar no se obtiene algún resultado, lo que deben hacer los padres es dejar que el niño se desahogue, eso sí, tras manifestarle que esa es una actitud destructiva que se debe evitar. Los padres pueden decirle que mientras él tenga esa actitud, ellos se mantendrán alejados hasta que se calme. Naturalmente nos alejaremos un poco de nuestro hijo simulando indiferencia, pero sin perderlo de vista.

http://www.educapeques.com/escuela-de-padres/como-controlar-las-rabietas-y-pataletas-en-los-ninos.html

miércoles, 2 de octubre de 2013

Límites educativos para niños hiperactivos



Una de las tareas más complicadas con las que se enfrentan los padres a la hora de educar, es decir NO a sus hijos. Sin embargo, es una de las claves de su educación; y aun sabiendo que no es  fácil, ni en ocasiones agradable, se convierte en algo fundamental además de necesario. Un deseo de evitar conflictos con los niños, una sensación de que les dedican poco tiempo, una idea equivocada de crear en ellos algún tipo de frustración o incluso de provocarles un cierto rechazo hacia los propios padres, pueden llevar a éstos a concederles todos sus deseos. Pero nada más lejos de la realidad. Los niños en el proceso de su crecimiento y desarrollo, necesitan tener marcados unos límites que les ayuden a crecer.

domingo, 29 de septiembre de 2013

El caso de un adolescente de 14 años.



Alex tiene 14 años. No estudia. Su comportamiento no es negativo, simplemente que no estudia. En clase rara vez trabaja, en casa no dedica ningún tiempo a los estudios y suspende la mayoría de las asignaturas. Sus profesores y sus padres dicen que solo está desmotivado.

En casa no le falta de nada: tiene su habitación propia, TV, videojuegos… Suele ir a la última en telefonía móvil y no le falta su dinerillo para las salidas.

Ahora quiere una moto. Sus padres le prometieron que si aprobaba en Navidad se la compraban. Al final no aprobó pero se la compraron. Explicaron que era para que viera lo que sus padres lo querían y así se motivara. ¿Les resulta familiar este caso?

No suelo adentrarme en la etapa de Educación Secundaria ni más allá de los 12 años. Sin embargo, en los cursos que imparto sobre mejora de la conducta solemos estudiar algunos casos y como acuden profesores de ESO, tratamos algunos casos típicos.

Análisis del caso
En la situación de Alex, está claro que estudiar no es reforzante, no consigue nada haciédolo. En realidad lo tiene todo y ponerse a estudiar no le aporta inicialmente nada, al contrario supondría renunciar a lo mucho que tiene.

Incluso sus padres, sin querer y sin mala intención, están reforzando su conducta: “no estudias, te premio con la moto… eso sí para motivarte”.

Tampoco hay una situación de privación. La modificación de conducta, en muchas circunstancias se basa en algún tipo de privación cuya satisfacción puede usarse como refuerzo.

Lo más probable además, es que Alex haya vivido esta historia a lo largo de su vida: ha conseguido las cosas sin esfuerzo y ha aprendido a conseguirlas sin él.

Propuesta de intervención
Si queremos modificar la conducta de Alex y que finalmente estudie, hay que cambiar la situación. En estos casos, lo más efectivo suele ser llegar a un “contrato de conducta”: algunos privilegios (reforzadores) se conseguirán a cambio de los resultados académicos.

Por ejemplo, dinero, recargas para el teléfono móvil, tiempo de salidas, uso de los videojuegos… Solo se disfrutan si consigue resultados en sus calificaciones.

El planteamiento parece muy sencillo y, cuando se lleva a cabo es efectivo, sin duda: la modificación de conducta funciona así. Al crear un estado de privación, los privilegios cobran valor  y obtenerlos suele ser reforzante.

…y sin embargo, no se llevan a cabo
Durante muchos años trabajé en Secundaria y todavía atiendo a algunas personas de confianza con hijos en esta etapa. En más de la mitad de los casos este tipo de programas no se llevan cabo. No se cumplen las condiciones: los padres no refuerzan si se obtiene los resultados; sino que volvemos justo al contrario: primero dan el privilegio (como la moto) para ver si así estudian. Conseguido ya el premio, no vale la pena esforzarse por él.

Las excusas… todas las que queráis: que ya va mejor (cuando no se le ha dado tiempo a modificar la conducta), que ha prometido que va a estudiar, que está estudiando (aunque no haya todavía resultados), que saben que obran mal, pero le da pena, que tienen miedo a que consiga el dinero por otros medio, que tienen miedo a la ira (o violencia) de los hijos… o culpan al “terapeuta”: que esto no da resultado, sin darle el margen de la duda de ponerlo en práctica.

Mi consejo final

A los orientadores, familias o profesionales que desarrollamos este tipo de programas un consejo: si no se va a poder llevar a cabo (por los motivos que sean), mejor no intentarlo, porque suele empeoras las cosas.

Quizás sea una actitud un tanto radical, pero la experiencia y el mismo funcionamiento de la modificación de conducta, es lo que aconsejan.

www.jesusjarque.com

sábado, 28 de septiembre de 2013

Ya no se qué castigo usar con mi hija de 6 años


Mi hija tiene seis años y es un trasto. No consigo dominarla y ya no sé qué castigo usar con ella, porque parece que ninguno hace efecto. Le he quitado lo que más le gusta, he utilizado “la silla de pensar”, le regañó y nada… ¡urgente! ¿Qué hago?

Este es un caso bastante representativo de lo que muchos padres y madres comentan y se lamentan.

Aunque la información sobre el caso es incompleta, sin embargo vamos aportar algunas ideas.

CAMBIO DE ESTRATEGIA

La primera recomendación es cambiar la estrategia. En lugar de centrarse en castigar las conductas inadecuadas, lo mejor, aunque no se lo crean, es reforzar el comportamiento que queremos que la niña muestre, reforzar las conductas adecuadas.

Delimitar las conductas

Esa estrategia obliga a tener claro cómo queremos que se comporte, tratando de definir las conductas que queremos que muestre. Después centrarse en esas conductas mejor que en los comportamientos negativos.

¿CÓMO REFORZAR?

Hemos quedado que la estrategia consiste en reforzar aquellas conductas que consideramos adecuadas. Sin embargo, muchos padres identifican refuerzo con premio, y administrar premios lo identifican con algo material.

Técnicamente el refuerzo no es un premio y mucho menos tiene que ser algo material. Algunas formas de reforzar que resultan muy efectivas son:

Prestar más atención a las conductas positivas.
Elogiar y aprobar esas mismas conductas.
Conceder algunos pequeños privilegios cuando estos comportamientos adecuados aparecen.
Si reforzamos las conductas adecuadas lo que ocurrirá será que aumentará la probabilidad de que estas vuelvan a aparecer.

Evitar incoherencia en la aplicación de castigos

Los castigos que la madre de nuestro caso utiliza, a veces se emplean de forma incoherente: unas veces sí, y otras veces, no se aplican, aunque las circunstancias sean similares.

Otras veces  se llevan a cabo dependiendo del ánimo con el que se encuentre. Además en muchos casos los castigos son más bien fruto de la ira y no una medida educativa.

SI EL MAL COMPORTAMIENTO CONTINÚA

Cuando a pesar de reforzar  el mal comportamiento continúa, entonces se pueden utilizar de forma progresiva algunas de las siguientes medidas:

Ignorar y desaprobar

Ignorar esas conductas, es decir, no prestarles atención. Esto es efectivo siempre que sea posible de llevar a cabo.

Desaprobar el comportamiento, es decir llamar la atención o utilizar la reprimenda ante esos comportamientos negativos.

Retirar privilegios

Otra estrategia consiste en retirar algunos privilegios, esas cosas que sabemos que le gustan: dibujos, videojuegos, teléfono…

Parece resultar más efectivo cuando previamente el niño sabe que se le va a retirar por determinadas conductas. También es más eficaz cuando se retiran por un tiempo limitado. Por ejemplo, retirar un videojuego durante una tarde es igual de efectivo que hacerlo durante toda una semana, y además más fácil de llevar a cabo.

Espero que con estas orientaciones pueda ayudar a todos los que se encuentran en una situación similar.

www.jesusjarque.com

lunes, 19 de agosto de 2013

COMO ENTRETENER A TU HIJO


TÉCNICAS Y ESTRATEGIAS PARA AYUDAR AL NIÑO HIPERACTIVO

"¿Cómo le convenzo para que se siente a hacer los deberes? ¿Qué le digo para que no se levante mientras come? ¿Hay alguna manera de ayudarle a mejorar sus trabajos? ¿Qué hago para que me escuche?... " Si tienes un hijo con hiperactividad seguro que éstas y muchas otras preguntas han pasado mil veces por tu cabeza. Las respuestas te las dan una serie de estrategias que te explicamos a continuación.

Los síntomas que caracterizan el Déficit de Atención con Hiperactividad son la impulsividad, la hiperactividad y la baja atención. Pero, sin duda, lo que ayuda a detectarlo es observar si un niño manifiesta con frecuencia las siguientes conductas:

§ Su comportamiento es infantil para su edad, excesivamente inquieto y dependiente; más propio de un niño de menor edad.
§ Le cuesta concentrarse, no mantiene la atención cuando es necesario.
§ Es desorganizado y suele hacer los trabajos con una baja calidad.
§ Frecuentemente deja los trabajos sin terminar o interrumpe los juegos.
§ Está continuamente levantándose cuando debería estar sentado, por ejemplo, en la clase o a la hora de comer.
§ Es muy impulsivo, hace las cosas sin meditarlas previamente.
§ Mueve mucho las manos y los pies.
§ Suele interrumpir a los demás cuando están hablando o realizando alguna actividad.
§ Siempre está corriendo y saltando, como si tuviera un motor en marcha.
§ Le cuesta relacionarse con otros niños debido a que siempre está cambiando de juego, no respeta los turnos y no sigue las reglas del grupo.
§ A menudo pierde cosas o las olvida.
§ Es desobediente y su comportamiento provoca las quejas de sus profesores.

Si tu hijo cumple algunos de los puntos expuestos aquí, quizás sea recomendable acudir a un profesional para diagnosticar o descartar el trastorno de hiperactividad.

Técnicas y estrategias para ayudar al niño hiperactivo

La forma de tratar el "trastorno de déficit de atención con hiperactividad" es modificar o compensar lo más posible aquellas conductas típicas que repercuten negativamente en la vida diaria del niño y de su familia. El objetivo principal es reducir su impulsividad e inquietud motriz y aumentar su atención, que son la fuente de sus principales problemas. Las corrientes psicopedagógicas conductista y cognitivista ofrecen diversas estrategias para tratar la hiperactividad. La corriente conductista centra su atención en cómo el ambiente en el que se mueve el niño (la familia, los profesores, etc.) interactúa con él para, manejando esta interacción, modificar las formas de comportamiento. La corriente cognitivista actúa directamente sobre el niño enseñándole a ejercer su propio control a través del entrenamiento en estrategias.

Corriente conductista: cambiar una conducta inadecuada a través del ambiente

Para modificar determinadas actitudes, como la agresividad o la desobediencia, se emplean técnicas de cambio conductual que se apoyan en la psicología conductista. La base de todas ellas es la idea de que todo comportamiento es una forma aprendida de responder a determinadas circunstancias. Cuando lo que obtenemos al responder de determinada manera es bueno, agradable o sirve a nuestros propósitos, esa respuesta se instaura en nosotros, es decir, la aprendemos y siempre que nos vemos en circunstancias similares respondemos igual. Por el contrario, si con nuestra actuación no logramos lo esperado, desechamos la respuesta como "no válida" y dejamos de emplearla. Esto supone que tu actitud es fundamental a la hora de manejar la de tu hijo, ya que es la que le proporciona la información de si sus respuestas son adecuadas y sirven a sus propósitos o, por el contrario, debe sustituirlas por otras. Los padres pueden, sin darse cuenta, fomentar las respuestas inapropiadas. Un ejemplo muy claro es cuando se cede a un capricho, que se ha negado en un principio, para contener una rabieta. La conclusión del niño en esta ocasión es clara (y muy lógica): "enfadándome, gritando y tirando las cosas consigo lo que yo quiero". Resultado: cada vez recurrirá con más frecuencia a las pataletas.

Las técnicas de cambio de conducta lo que hacen es controlar las consecuencias de las acciones convirtiéndolas en agradables, a través del "refuerzo positivo", o desagradables mediante el "castigo". Aquellas conductas del niño a las que siga un "refuerzo positivo" serán aprendidas como útiles y se repetirán; aquellas otras a las que acompañe un "castigo" terminarán desapareciendo. Los refuerzos pueden ser muy variados. Al principio, cuando una actitud está muy instaurada, se recurre a recompensas de tipo material (un juguete, una chuchería, etc.). Posteriormente se van restringiendo este tipo de refuerzos para que el niño no haga las cosas por el premio sino por que realmente ha adquirido nuevas actitudes con las que se siente más satisfecho. Para ello, desde el principio (junto con las recompensas materiales) y a lo largo del tiempo (cuando ya se han eliminado aquellas) el niño debe recibir refuerzos sociales como abrazos, alabanzas o cualquier otra manifestación de afecto por lo bien que ha actuado. Por otra parte, los castigos que siguen a las conductas que deseamos eliminar serán cosas como quedarse sin ver la tele o recoger el cuarto, pero jamás castigos físicos. Además, todo castigo debe ir acompañado del refuerzo de la conducta alternativa.

¿Cómo puedes aplicar todo esto? Una forma es hacer un trato con tu hijo. Piensa en alguna cosa que quieras cambiar de él, por ejemplo, que no se levante de la mesa mientras come. Ya tienes establecido el objetivo general. Ahora, en función de la problemática, piensa cuándo y cómo vas a reforzar el cambio de comportamiento: si tu hijo no aguanta más de tres minutos seguidos en la mesa, empieza por reforzar que consiga estar sentado al menos cinco minutos. Según le vaya resultando más sencillo cumplir el objetivo ve aumentando el tiempo hasta que, finalmente, reciba el premio sólo si permanece toda la comida sin levantarse. El siguiente paso es acordar el premio o refuerzo. En este caso lo más apropiado es un sistema de puntos o fichas canjeables. Elabora con tu hijo una lista de cosas que le gustaría hacer o conseguir y pon a cada cosa un valor en función de sus características: un caramelo 2 puntos, media hora más con el ordenador 8 puntos, ir al cine 14 puntos, comprar un juguete determinado 20 puntos, etc. Ya sólo queda ponerlo en práctica: cada vez que tu hijo cumpla el objetivo marcado refuérzale con un punto y cuando desee canjearlos dale la recompensa que le corresponda según acordasteis.

En el libro Nuestro hijo es hiperactivo puedes consultar otras técnicas que aplican estos mismos principios.

Corriente cognitivista: enseñar a hacer las cosas mejor
Según la corriente cognitivista, la forma más adecuada de ayudar a un niño hiperactivo a resolver sus problemas correctamente es entrenarle en los pasos que debe seguir, es decir, darle estrategias para que sepa cómo actuar. Por ejemplo, mantener la atención es una habilidad casi automática en la mayoría de las personas, pero para un niño hiperactivo es todo un triunfo. Para facilitarle esta tarea debemos enseñarle cómo se presta atención facilitándole una serie de instrucciones que resuman eso que hacemos las personas cuando prestamos atención (centrarnos en lo importante, ignorar los estímulos irrelevantes, etc.). En este caso estaríamos hablando de estrategias atencionales. Dicho así parece muy abstracto, sin embargo lo puedes aplicar de forma particular a cada una de las tareas con las que tu hijo tenga dificultades. Una manera de hacerlo efectivo es el "modelo de autoinstrucciones" que debéis practicar cada día tantos días como sea necesario hasta que tu hijo sea capaz de realizar el quinto paso de forma natural:

1. Modelado: haz tú la tarea mientras vas diciendo en voz alta los pasos que sigues, mediante instrucciones claras y concisas.
2. Guía externa manifiesta: ahora es él quien realiza la misma tarea mientras le ayudas repitiendo junto con él los pasos.
3. Autoguía manifiesta: el niño repite solo las instrucciones, en voz alta, mientras hace la tarea.
4. Autoguía manifiesta atenuada: en vez de hablar en voz alta debe cuchichear las instrucciones.
5. Autoinstrucciones encubiertas: finalmente el niño realiza la tarea en silencio mientras se guía por las instrucciones a través del pensamiento.
Por Flavia.

lunes, 17 de junio de 2013

Cambios físicos y psicológicos de los niños y niñas entre los 9,10 y 11 años


Cambios en los niños entre los 9 y 11 años
Cambios en los niños entre 9 y 11 años
Los niños de 9, 10 y 11 años siguen creciendo en altura y peso a un ritmo normal, aunque en estos años es cuando suele aparecer el fenómeno de los “estirones”. Por norma general, los chicos suelen ser más altos y pesados que las chicas. Y en esta etapa se produce un hecho muy importante: el desarrollo empieza a ser diferente en niños que en niñas. A partir de los 10 u 11 años en las chicas se inicia el desarrollo del pecho, las caderas se ensanchan, la musculatura se afina… Sin embargo, el desarrollo de estos caracteres sexuales en chicos es algo posterior.

Este desarrollo físico distinto en chicos y en chicas tiene su reflejo a nivel psicológico. Las niñas de 9, 10 y 11 años empiezan a relacionarse más entre ellas y hacen piña como grupo. Les gusta más pasar las horas hablando o jugar a juegos tranquilos donde haya mucha interacción oral. Los chicos de esta edad también hacen pandilla y suelen escoger juegos muy activos con mucho contacto físico.

A nivel emocional, tanto los niños como las niñas de 9, 10 y 11 años inician una separación cada vez mayor de sus padres. Las normas familiares son las que rigen su comportamiento pero empiezan a ser conscientes de que en la familia de sus amiguitos, los padres hacen y exigen cosas diferentes. Es posible que empiecen a cuestionar a los padres sobre la manera en la que ellos hacen las cosas. También empiezan a tener más conciencia del contexto social y les empiezan a preocupar temas como la muerte de alguno de sus progenitores, el divorcio, las guerras, la política, etc. El grupo de amigos cobra mayor importancia y es el momento en que ellos mismos piden quedarse a dormir o pasar la tarde en casa de algún compañero. Es un momento propicio para que aparezcan las mentiras, el engaño, el cuestionamiento de las normas o las malas contestaciones como parte de esa independencia, que se está fraguando y que alcanzará la cima en la adolescencia
.
Como padres es importante respetar sus necesidades de individualidad. Pero no debemos olvidar que las reglas las seguimos poniendo nosotros. Podemos razonarlas, explicarlas e incluso negociarlas hasta cierto punto, pero los padres seguimos teniendo el mando. A la hora de dialogar con nuestros hijos, hay que centrarse en unas reglas básicas (pocas pero firmes) e insistir en lo fundamental. ¡No beneficia a nadie que perdamos energía discutiendo por cuestiones de poca trascendencia!

lunes, 13 de mayo de 2013

¿Por qué nuestr@s hij@s se portan mal solo con la mamá?


He encontrado una buena respuesta en este blog personal y me ha parecido una opción acertada para compartirlo con mi público. Espero que os guste.

El Blog de Catalina: ¿Por qué mi hij@ se porta mal solo conmigo?

Esta pregunta sale frecuentemente en las conversaciones con mis amigas: ¿por qué nuestr@s hij@s se portan mal solo con la mamá?.

Un día me tocó ayudar a una amiga que debía hacer un montón de trámites y me quedé cuidando a su pequeña que estaba enferma  mientras mis pequeños estaban en el Jardín y yo tenía un día libre.

Mi amiga me dijo un montón de cosas sobre la Fernanda, desde que era llorona a que no se querría comer la comida, que le costaba dormir, en fin, las típicas frases que todas las mamás decimos cuando tenemos que “encargar” a nuestros amados hijos con otras personas. Es casi una manera de preparar el terreno para que la persona en cuestión no quede curada de espanto.

En fin, no pasó nada de lo que mi amiga me dijo. Incluso hacerla dormir fue más simple de lo pensando, considerando que el Seba y la Martina tienen unos rituales para ese momento.

Durante mucho rato con mi amiga, estuvimos pensando y dándole vueltas al tema de por qué no se “portaban bien” con nosotras. Pasamos de pensar que somos las peores mamás, que estamos haciendo las cosas mal hasta que definitivamente es algo independiente de nosotras.

La verdad es que estuve leyendo harto sobre el tema de los límites en los niños y qué podemos hacer las mamás para criarlos con amor.

Los niños generalmente tienden a tener un comportamiento distinto con las mamás, porque ellos desean primero, estar con nosotras todo el tiempo posible, muchos no entienden la relación espacio y tiempo, y segundo, muchas veces no entienden por qué debemos ir a trabajar o hacer el aseo de la casa. En estos casos lo principal es conversar con ellos y buscar estrategias para que entiendan la importancia de que mamá trabaje o que ellos también sean parte de mantener la casa limpia y bonita.

Hay que comprender que los niños quieren estar con nosotras para buscar la forma de integrarlos a nuestras actividades diarias y se sientan respetados y considerados, evitando que tomen rechazo o recelo.

El “portarse mal” muchas veces lo entendemos como las pataletas, el llanto o no querer hacer lo que “nosotras queremos que ellos hagan” generando frustración. En ese aspecto hay que entender que esta reacción es porque el niño siente que hay algo que no le esta funcionando en su vida y en su propio sistema. Cuando a nosotras nos molesta algo en nuestros zapatos los revisamos y luego vemos si funcionó la solución. Eso mismo debemos hacer con nuestros hijos: si vemos algo que es extraño en él debemos investigar y ver qué está pasando para darle solución. 

El tema de los límites siempre es complicado, porque pisamos terreno pantanoso. Muchas veces no queremos ser estrictas, pero tampoco demasiado relajadas. Hay que buscar un equilibrio que adecuado para nuestros hij@s.

Como consejos sobre los límites:

- Muéstrate segura pero con afecto, conversa y explícale lo que está pasando.

- Mantén la coherencia entre papá y mamá. Es un clásico que siempre se repetirá, pero papá y mamá son uno respecto a las decisiones de los hij@s, no puede darse que mamá diga no y luego papá diga si.

- No le des más de una orden. Las órdenes múltiples confunden a los niños.

- Respeta el enojo de tu hijo, recuerda que tiene derecho a enojarse.

- Sé clara y concreta en tus frases.

- Sé constante. Los niños perciben cuando dejamos vacíos que pueden aprovechar, por eso mismo, mantén tu postura.

- Establece límites acordes a la edad de tu hij@, recuerda que los niños tienen que vivir procesos según su edad.

- Generalmente utilizamos frases negativas sobre lo que no puede hacer. Hagamos lo inverso, digámosle lo que tiene que si puede hacer. 

- Explícale las reglas del juego y las consecuencias de sus actos. Es importante que entiendan que sus actos tienen consecuencias, desde si rompe un juguete ya no podrá jugar con él hasta la importancia de alimentarse.

También es importante que debamos recordarnos que no somos Super Mamás y que dentro de esta labor debemos tener el apoyo de nuestras parejas para que nuestros hij@s se sientan seguros.

10 Consejos para poner límites a los hijos:

1. Objetividad.  ”Pórtate bien”, “sé bueno”, o “no hagas eso”. Un niño no entiende lo que es bueno o malo, o lo que es portarse bien. Un límite bien especificado con frases cortas y órdenes precisas suele ser claro para un niño. “no botes la comida al suelo” es mejor que un “Ten modales en la mesa” frase que no entenderá, “no sueltes mi mano en la calle” es mejor que un “Agárrame la mano” no entenderá cuando, ni dónde, “habla bajito” es siempre mejor que un “shh cállate”.

2. Opciones.  Las opciones son buenas para hacer que tu hijo obedezca algo que no quiere, debes saber como mostrarle una opción entretenida. Si les das una opción, el niño se siente con el control y la libertad, aunque tú la tengas. “Prefieres que te de yo la comida o te la pico bien y te la comes tú”, “prefieres ducharte o bañarte”.

3. Firmeza. La firmeza no tienen por qué estar relacionada con brusquedad, podrías asustarlos y si sabes cómo ser firme no será necesario levantar la voz ni se pesado. Un tono de voz seguro, sin gritos, y un gesto serio en el rostro. Los límites más suaves suponen que el niño tiene una opción de obedecer o no. el niño debe entender que no tiene otra opción más que la que das, pero antes de decir “Deja de tirar las cosas” gritando, prefiere usar un “hijo, lleva los juguetes a tu pieza ya? este espacio no es para jugar” con tono firme y duro, sin gritos.

4. Acentúa lo positivo. Los niños reciben de mejor manera las órdenes positivas que las negativas. Prefiere un “Habla bajito” a un “no grites”.

5. Guarda distancias. cuando a una orden se le antepone un “Yo quiero” (aunque suene extraño) estamos generando una lucha de poder personal y egos con nuestros hijos. Esto puede traerte malas consecuencias, por ejemplo de cariños personales. Evita el “quiero que comas ahora”, cámbialo por un “son las 12 hora de almorzar”, en cualquier caso su rencilla no será contigo, será con el reloj.

6. Explica el porqué. Los niños necesitan respuestas y para que entiendan una orden necesitas explicarles el por qué. La respuesta “porque sí” no sirve con niños, no entenderán y a lo largo de su vida, cuando crezcan te van a pedir las mismas respuestas que cuando niños no tuvieron. niños. Manifiesta esta razón en pocas palabras.”No muerdas a las personas. Eso les hará daño” o “Si tiras los juguetes de otros niños, ellos se sentirán tristes porque se rompen”, son buenas opciones antes de un simple “porque no”.

7. Sugiere una alternativa. Las alternativa acompañan al límite y hace que parezca más positivo, como si lo estuvieras compensando,  ”ese es un lápiz labial, no es para jugar. Aquí tienes un lápiz y papel para pintar”. Sentirán que sus deseos sí son aceptados.

8. Firmeza en el cumplimiento. Las reglas flexibles confunden a  los niños, si les dices que la hora de dormir es a las 8 y otro día se acuestan a las 9 de la noche el niño podría después pedirte esa flexibilidad.

9. La conducta estuvo mal, tu hijo no es malo. Deja claro a tus hijos que tu desaprobación está relacionada con su comportamiento y no va directamente hacia ellos. No muestres rechazo hacia los niños. Antes de decir “eres malo”, deberíamos decir “eso está mal”.

10. Controla las emociones. Debes evitar que tus emociones se salgan de control, si estás muy enojada, piensa, respira y luego castiga o corrige. Puedes causarte daño a ti misma y a tu hijo por un mal trato innecesario en un mal momento. Evita los gritos, pero se firme.

Con estos consejos seguramente te darás cuenta si estás equivocada y es momento de corregirlo o verás que tan bien encaminada estás. Nadie nace sabiendo ser mamá o papá, y tus hijos tampoco vienen con un manual bajo el brazo.

Fuente: http://www.revistacarrusel.cl/


martes, 23 de abril de 2013

Enseña a tu niño modales en la mesa.



Masticar con la boca abierta, poner los codos sobre la mesa, jugar con la silla y con la comida, levantarse antes de tiempo… Seguro que la mayoría de estas acciones las lleva a cabo tu hijo mientras estáis sentados a la mesa. Los niños son muy impacientes y no nacen con las normas de cortesía aprendidas, por lo que deberás enseñarle a comportarse desde bien pequeño. Cuanto antes las conozca, más rápido será el aprendizaje

Aprender desde pequeñitos.

A partir de los 2 o 3 años, los niños empiezan a comer en la mesa con el resto de la familia, a la vez que empiezan a tomar parte en las celebraciones –cumpleaños, bautizos, comuniones-, compartiendo el banquete con los adultos. 

Y los niños, como corresponde a su edad, son muy inquietos y traviesos: se cansan enseguida, se quieren levantar a jugar, no obedecen cuando se les llama para comer, etc. Esto es normal, pero siempre hay que marcar unos límites, sobre todo cuando comemos con más gente o se está en un restaurante. 

En la mesa, y también en otros lugares, hay que enseñarles a comportarse con una cierta educación y compostura. Por eso es una buena idea que les enseñes desde pequeñitos, para que se acostumbren cuanto antes y no adopten malos hábitos que después serán más difíciles de modificar.  

En esta etapa la imitación y el juego son las claves para adquirir cualquier comportamiento. Observar al resto de la familia comiendo les ayudará a aprender, por lo que es muy importante que pongamos atención a lo que hacemos nosotros. No se puede pedir a un niño que no ponga los codos en la mesa o que no coma con la boca abierta si nosotros no somos capaces de cumplirlo. 

Para ello los padres deben mostrar siempre una actitud segura y confiada y nunca ser incoherentes. Ambos deben marcar las mismas directrices para no volver locos a sus hijos. 

Lo que nunca debe hacer:

- Empezar a comer antes de que se siente todo el mundo. Es de muy mala educación comenzar sin que estén presentes todos los comensales, a no ser que la comida se pueda enfriar y estropear y los anfitriones así lo indiquen. 

- Comer con la boca abierta o llena. A nadie le gusta ver los trocitos medio masticados de la boca de otro, pero tampoco es de buena educación llenarnos hasta arriba de comida y no poder ni masticar, y menos aún hablar con la boca llena o comer haciendo ruidos. Enséñale a comer pequeños trocitos. La comida nunca debe ser arrojada sobre el plato una vez que ha sido masticada.

- Jugar con la silla. Además de que sea de mala educación, es bastante peligroso si se cae, ya que se puede romper la barbilla o hacerse mucho daño en la espalda y el coxis. El niño debe permanecer bien sentado, con la espalda recta y los pies apoyados en el suelo –si llega.

- Chupar los cubiertos. No se deben lamer los cubiertos, pero sobre todo el cuchillo, ya que además de quedar muy feo, también es peligroso. 

- Interrumpir a otros mientras hablan. Esta es una norma esencial que debe cumplir no sólo en la mesa, sino siempre que esté presente en una conversación. 

- Jugar con la comida. Todos hemos oído la frase: “Con la comida no se juega”. Y es que es de mala educación hacer bolitas con la miga del pan, montañitas con el arroz… Los alimentos son para comer, no para divertirse con ellos.

- Poner los codos sobre la mesa. El antebrazo sí debe estar apoyado en la mesa mientras cortamos la comida y la cogemos, pero los codos no. 

- Gritar o dar voces. Aunque a veces haya muchos invitados y sea difícil hacerse oír, acostúmbrale a que no chille.

- Rascarse. Los niños son propensos a rascarse los brazos, la cabeza, etc. pero no es un gesto muy higiénico en un lugar lleno de comida. 

- Beber sin limpiarse la boca. Antes de coger el vaso para beber, es recomendable que se limpie la boca para evitar mancharlo de grasa y que se vuelva opaco de la suciedad. 

- Bostezar. Si ha dormido mal o está muy cansado y no puede evitar hacerlo, enséñale a ponerse la mano delante de la boca o a hacerlo de la forma más discreta posible, no hace falta que su bostezo interrumpa las conversaciones.

- Hurgarse la nariz. Otra mala costumbre de los más pequeños, andar todo el día con el dedo metido en la nariz. Pero si siempre debe evitarse este gesto, más aún cuando se está comiendo, no sea que indigestemos al resto de comensales -aparte de hacernos pasar un poco de vergüenza.

- Quitarse los zapatos. Seguro que tus hijos tienen la manía de deshacerse de su calzado en cuanto se sientan en el sofá de casa o en el suelo para jugar. Pero a la mesa no debe estar descalzo. Si estáis en casa y los zapatos le molestan o le hacen daño, ponle unas zapatillas de estar por casa. 

- Levantarse antes de que acabe la comida. Los niños, en cuanto han comido, quieren levantarse a jugar, pero debes intentar que permanezca a la mesa hasta que se haya acabado el postre. Obviamente no le puedes obligar a estar toda la sobremesa escuchando “aburridas” conversaciones de adultos, pero sí a estar hasta el final del banquete y a pedir permiso antes de irse.

Consejos para ayudarle.

Ante todo, debes darle ejemplo. Intenta poner en práctica todas las normas que le has enseñado. Los niños aprenden por imitación y le será más fácil aprenderlas todas si ve a sus padres cumpliéndolas.

A pesar de ello, alguna vez puedes simular que te equivocas para que vea que no pasa nada si mete la pata. Así te corregirán ellos y reforzarás el hábito. Cuanto te confundas, haz siempre un comentario del tipo: “¡Mira a mamá, también se equivoca!”.

No le enseñes todas las normas a la vez o le volverás loco. Debes ir poco a poco mostrándole cómo se come correctamente y corrigiendo lo que haga mal. Pero no le hagas una lista enorme de reglas, le parecerá imposible cumplirlas todas y se desanimará.  

No debes regañarle cuando haya más gente delante (sobre todo si está su hermano o primo mayor al que quiere impresionar). Podéis disponer una frase secreta que sólo vosotros entendáis para que corrijas lo que está haciendo mal sin que los demás se enteren. Por ejemplo, si quieres que quite los codos de la mesa, busca una afirmación que empiece por CO: “¿Cómo se llamaba ese amigo tuyo que vino el otro día?”. Así él sabrá a qué te refieres pero no le harás pasar vergüenza. 

Muéstrate efusivo y alábale cuando vaya haciendo progresos. Un beso tuyo después de comer o un cumplido le harán más feliz que cualquier regalo del mundo. 

No te muestres impaciente ni le grites si después de varios días enseñándole aún pone los codos en la mesa o mastica con la boca abierta. Cualquier aprendizaje requiere su tiempo. 

Una buena herramienta que ayuda al trabajo educativo es inventarse algún juego para que comprenda mejor las reglas y le resulte más fácil aprehenderlas. Por ejemplo, inventad un cuento o una canción que contengan las normas que se deben seguir a la mesa. También podéis practicar con sus juguetes, preparando un banquete imaginario con sus peluches y sus muñecas. 

Lo importante es que se creen unos hábitos a la hora de la comida y que tu hijo gradualmente vaya adquiriéndolos, sin agobios ni prisas puesto que al fin y al cabo, es todavía un niño. 


Fuente: Irene García. http://www.todopapas.com/ninos/educacion#